Durante este viaje que es estar aquí en la tierra, aparecen personas que con su sabiduría nos ayudan a realizar este viaje con mayor claridad y certeza. Son como linternas encendidas que nos van mostrando el camino para que no tropecemos, o para ayudarnos a levantar. Muchos de ellos han vivido crisis que han determinado quienes son hoy en día.
En un afán de identificarnos con ellos, por que representan parte de nosotros mismos, los imitamos, queremos ser como ellos, anhelamos obtener la sabiduría que tienen para alcanzar ese estado de consciencia. Si bien este puede ser un buen plan y útil hasta cierto punto, lo interesante es si este proceso permite finalmente descubrirnos. En otras palabras, conectar con nosotros mismos, con quienes somos, con nuestra capacidades y limitaciones…con aceptar que soy único e irrepetible.
El proceso no es fácil, estaremos de acuerdo que toma tiempo, entonces es ahí donde los Guías y Maestros tienen su lugar. Un buen guía, para mi al menos, es el que ve con los ojos del corazón, enseña, muestra el camino y destaca las capacidades únicas de quien lo sigue para finalmente soltar y entregarnos al mejor guía al que podemos acceder…a nuestro maestro interior.